Querido José Luis:
Es difícil, no te voy a engañar. Hoy se ha producido un hecho que no me podía imaginar y que me bloquea la forma de escribir. Esta mañana se ha producio una despedida que no esperaba, no la intuía. Más que nada porque tú habías cogido un equipo que era carne de Segunda B y lo habías puesto en Primera, y no lo hiciste de cualquier manera. Los conseguiste con tus señas de identidad, unas cualidades que casi cuatro años después me han enseñado muchas cosas de fútbol. Me han hecho ver este deporte de una visión distinta, una perspectiva más allá de la del aficionado.
El otro día respecto a los cambios y las despedidas escuche decir a Eto’o que lo que importa es el club, que los entrenadores y los jugadores pasan, que lo único que queda es el equipo. Si, es cierto, lleva razón. Pero siempre hay personas y personas, y tú has marcado huella en el equipo y en mí como aficionado al Real Valladolid.
Aún recuerdo la primera imagen que tengo de ti como entrenador. Fue el 21 de noviembre de 2004 en Mendizorroza. Aquel día el equipo que entrenabas, el Eibar, ganaba por 0-2 al Alavés. En el minuto 91 Joseba Llorente anotaba un gol y lo hacia con la espalda en el intento de anotar de cabeza. Tu imagen celebrando el gol y diciéndole al delegado del equipo que había sido con la “chepa” la llevo grabada en la memoria. No sé porque, pero aquella mañana de noviembre no imaginé que aquel entrenador en chándal se iba a convertir en mi ídolo. Porque si, no me escondo, no me avergüenza. José Luis Mendilibar es mi ídolo, y por ello hoy estoy triste, porque del equipo de mis amores se va mi ídolo. Hace un tiempo se fue Caminero y ahora tú.
Más de cinco años después, y en el día de mi cumpleaños, conseguí un pequeño sueño que tenía: poder hablar contigo. Fue sólo durante unos instantes pero en esos momentos me di cuenta de cómo eras, una persona humilde que daba las gracias por todo lo que tenía, y que luchaba día tras día por hacer de este equipo un pelín más grande.
Como dice Eto’o queda el equipo, que es lo importante, pero a ese equipo le va a faltar algo, y ese algo eres tú y tus métodos que han hecho mella en mi estilo de ver y entender el fútbol. Se dividen nuestros caminos, yo, por mi parte, seguiré animando y sufriendo con los resultados del Real Valladolid, pero por mucho que lo intente no será igual. Hace cuatro años sufría y disfrutaba del equipo blanquivioleta pero no lo hacía de la misma manera que estas últimas tres temporadas, porque me sentía identificado con todo lo que hacía el equipo, pero sobre todo porque tú habías conseguido algo muy importante, que me sintiera mucho más orgulloso que antes de ser del Real Valladolid. Al ser pucelano todo el mundo que me conocía me felicitaba por ser de un equipo con personalidad, de un equipo con las ideas claras. Gracias por esto y por haberme hecho disfrutar con cada de los días que has liderado al equipo.
Te puedo decir muchas cosas, pero ninguna podrá significar lo que realmente siento porque te hayas ido del Real Valladolid, de mi equipo, de tu equipo. Este es un pequeño y humilde blog que un día por cualquier circunstancia puede desaparecer. Lo que no desaparecerá, eso seguro, es este pequeño homenaje de un aficionado como yo, que hoy ha perdido a su ídolo en su equipo.
Dicen que nadie aprecia lo que tiene hasta que esto desaparece. Esto supongo que será el motivo de que yo te este escribiendo estas humildes y mal redactadas letras. Porque a pesar de que he sido un gran defensor tuyo durante todo este tiempo, tu simple ausencia el próximo domingo en Mestalla me hará ver el banquillo del Real Valladolid de otra manera, ni mejor ni peor, distinta.
Habrá gente que cuando lea esto alucinará con las palabras, me dirá que estoy enfermo, que no es normal esta devoción por una persona en concreto. Seguro que todas esas personas no han visto como desde lo más bajo de la Segunda División su equipo resurgió hasta mostrar en el fútbol español un estilo de juego único y novedoso. Gracias, otra vez, porque si algo hay que decir en estos momentos en eso. GRACIAS, y hasta otra. Ahora tu equipo será también el mío, al igual que el mío será el tuyo.