
Hay en ocasiones que es
complicado callarse. Difícil no,
imposible. Lo intentas. Lo sopesas durante varios segundos, y cuando has empezado a
articular la primera palabra te das cuenta de que estas 'metiendo la pata'. Sin embargo, ese segundo pensamiento, en el que te arrepientes,
ya te honra. A alguno, la contradicción le da arcadas.
Después del partido ante el Osasuna, la zona mixta fue un hervidero de declaraciones. La propia sala de prensa, con Mendilibar y Camacho a la cabeza, tampoco se quedó atrás. El arbitraje fue el tema más manido. «Es un tocapelotas», argumentó Sisi, en referencia al colegiado del choque, Paradas Romero. Lo fue. Es verdad. Lo piensa hasta el apuntador. Sin dudas. Desquició a los blanquivioleta. A todos. Aunque también parte de la culpa la tuvo el orden del Osasuna, y si no que se le pregunten a Luis Prieto o a César Arzo.
Sin embargo, en ocasiones es mejor callarse. Cuarta jornada de Liga. Arbitraje extraño. De esos, extraños, extraños, y que comienzan a elevar un 'run run' por la grada, pero un arbitraje que no tuvo incidencia en el resultado. Sí, dos expulsiones. Así es imposible, etc... Pero igual de imposible es ganar sin los mejores, o ganar con una autopista por la banda izquierda. No quiero imaginarme a Messi o a Cristiano Ronaldo en el carril de Zorrilla.
No es muy acertado hablar de «tocapelotas» o lloros de Camacho. Que sí, que son ciertos, pero no son muy apropiados en una sociedad de la información, donde el próximo colegiado ya sabrá el seudónimo con el que bautizó Sisi a su predecesor. He escuchado eso de que el que 'no grita no mama' en las últimas 24 horas hasta la saciedad, y me sigue sin encajar. Prefiero un arbitraje así ahora, que en ese partido en el que el Pucela tenga todas las papeletas para adjudicarse la victoria. Ante Osasuna no fue a la rifa. Ni siquiera lo intentó. Verdad de la buena.
Y Mendilibar lo sigue sin ver claro. Lo defenderé hasta la saciedad, pese a sus contestaciones faltas de argumento, como la dada al tema de Alberto Bueno. Aún no ha arrancado -como el equipo-, pero es el mejor técnico que podía tener el Valladolid. Tampoco ha explicado –porque tampoco se le ha preguntado- porque dejó a un jugador como Diego Costa en el banquillo, o por qué apostó por Nauzet en vez de un Sisi que llegaba en estado de gracia. Preguntas que se quedaron en un tintero que comienza a llenarse.
El técnico fue cauto en referencia a Paradas Romero. Acertó. Veteranía bien aplicada. Es pronto para sacar la lengua a pasear, y más cuando hay otras muchas cosas a las que achacar una derrota, y no a cuestiones de habla y a palabras demasiado altas de colegiados con visos de estrella mediática.
La mendilina
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