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|EN FRÍO|
De los experimentos y otras rarezas
Ya está bien. Se puede callar, asentir, incluso volver la mirada hacia otro lado, pero cuando, semana tras semana uno se marcha de Zorrilla con cara de tonto vienen los problemas.
Que Mendilíbar es uno de los hitos de la historia reciente del Real Valladolid no lo va a negar nadie, pero hay que ver más allá de los éxitos y ser crítico, tanto como lo es él con los medios de comunicación. El técnico vasco atraviesa el peor momento de su etapa pucelana y eso se deduce de los sinsentidos a los que está acostumbrando a la afición blanquivioleta.
El domingo ante el Barcelona volvió a jugar con la alineación y la convocatoria; y no es por ser tiquismiquis, pero hay que mirar muy atrás para ver al de Zaldíbar repetir un once. Más extraño es cuando, hubo un tiempo, no muy lejano, en el que los aficionados coreaban de carrerilla el once inicial.
En más de una ocasión he manifestado que el siete del Bernabéu iba a pasar factura al conjunto castellano, lo que no sabía es que iba a afectar tanto a Mendi. Cada jornada el capitán de la nave blanquivioleta innova, sorprende y asusta con una nueva vuelta de tuerca al equipo.
Un carrusel interminable
El primer damnificado –cabezazo incluido- fue Jonathan Sesma. El zorro de Zaldíbar esperó una semana para sacarle del once, por aquello de las suspicacias, pero nadie le salvó del banquillo a la jornada siguiente, y allí permaneció durante más de un mes en el que un Capdevilla sin ritmo ocupó el carril zurdo del ataque albvioleta.
Rafa fue el siguiente. La no renovación de su contrato le ha costado al canterano una vuelta en blanco, porque lo de la «baja forma» no se lo cree ni el tato. Vergonzoso que con el equipo en plena caída libre se prescinda del de Peñafiel. Alguien tendrá que dar explicaciones y no precisamente el técnico. Con Pedro López ocurrió algo parecido. El ex valencianista salió de las convocatorias justo antes de renovar y regresó a éstas, una vez firmado de nuevo por el Real Valladolid. Por ahí van los tiros con Rafa.
El idolatrado Víctor también abandonó el once y, a día de hoy, aún lucha por regresar. A estos experimentos se le pueden sumar unos cuantos más expedientes equis, como el de Aguirre por Sisi, que puso de manifiesto la contradicción del propio entrenador; o la vuelta a la titularidad de Kome, tras meses en el ostracismo; pero quizá la gota que colma el vaso es la salida de las convocatorias de Borja, cuando el gallego es de lo poquito que se ha salvado en los últimos partidos.
En definitiva que, salvo Asenjo –y tras mucho dar la turra, porque Mendi seguía empeñado en Butelle y Alberto- y Llorente, el resto del equipo atraviesa un carrusel de cambios que poco beneficia al conjunto y, lo que es peor, pone de manifiesto la desorientación de una orquesta que de no sacar al menos cuatro de los próximos seis puntos en liza, tendrá medio billete de regreso a la Segunda División. Entonces, quizá tengamos que llamar a Mulder y a Scully a ver si ellos son capaces de dar una explicación coherente a todo lo sucedido a lo largo de la temporada.
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