Jacobo en puerta, línea de cuatro atrás formada por Barragán y Nivaldo en los laterales, y Henrique Sereno y Luis Prieto como centrales; por delante de estos Álvaro Rubio y Pelé como organizadores, más arriba Canobbio, Sisi y Diego Costa. Estos diez jugadores, a los que habría que unir al desahuciado Marquitos, hacen un once de juego del Real Valladolid de garantías. Con el único agravante de que todos estos jugadores están lesionados, renqueantes o en proceso de mejora de sus molestias. Muchos de estos jugadores, en concreto nueve de ellos, jugaron en la primera victoria del Real Valladolid esta temporada en la Romareda. Tan sólo Henrique Sereno, fichado este invierno, y Antonio Barragán que por aquel entonces estaba poniéndose a tono tras su lesión de rodilla faltaron a la cita del pasado 20 de septiembre. Lo que significa que todos, son útiles para el equipo y muy válidos para la Primera División.
A mediados del mes de enero Carlos Lázaro vivió uno de los pasos más importantes de su carrera. El 16 de enero era convocado para su primer partido oficial con el Real Valladolid. El encuentro en el Sardinero supuso su primera convocatoria y posteriormente su primer partido, ya que para sorpresa de todos, el vallisoletano fue titular en su primera convocatoria. Tras aquel partido, el olmedano, no es que haya sido un fijo, que ya lo era antes, de los entrenamientos, sino que, desde aquel 17 de enero es uno más en las convocatorias del primer equipo pucelano. El cambio de entrenador no le ha influido en su progresión, ya que pese a que Mendilibar fue quien le dio la alternativa, el cambio fue para colocar a un entrenador que le conocía a la perfección.
Es un lujo. Que un estadio de fútbol se ponga en pie para despedir a un jugador quiere decir que el futbolista en cuestión es querido, pero que dicha ovación se le lleve un jugador cuando el equipo en el que juega, está en descenso, dice que este futbolista significa mucho para la afición a la que levanta. Y esto, exactamente, es lo que ha pasado hace escasos dos días en el José Zorrilla.
La semana pasada Borja hizo oficial que no seguirá la próxima temporada en el Real Valladolid. Con la noticia en la mesa del Real Valladolid comenzaron los rumores y las miradas al pasado. Los rumores por saber quién será su equipo del futuro y por saber cuales han sido los motivos que han provocado esta decisión, por otro lado, comenzaron las evocaciones al futuro por las experiencias vividas. Hace siete años en estos mismos tiempos se supo que Fernando Sales, insignia del equipo blanquivioleta por aquel entonces, se marchaba en el siguiente verano con rumbo a Sevilla.
“Álvaro Rubio no está en su mejor momento”, “el riojano vive su peor estado de forma desde que llegó al José Zorrilla”. Muchos de este tipo de titulares marcaban los medios de comunicación durante el comienzo de la temporada que vivimos en este momento. Es cierto, Álvaro Rubio no ha estado esta temporada al nivel de las tres campañas pasadas, pero tan cierto como esto es que la presencia o no del ‘18’ blanquivioleta condiciona, en exceso, el juego del equipo.
Querido José Luis:
Es difícil, no te voy a engañar. Hoy se ha producido un hecho que no me podía imaginar y que me bloquea la forma de escribir. Esta mañana se ha producio una despedida que no esperaba, no la intuía. Más que nada porque tú habías cogido un equipo que era carne de Segunda B y lo habías puesto en Primera, y no lo hiciste de cualquier manera. Los conseguiste con tus señas de identidad, unas cualidades que casi cuatro años después me han enseñado muchas cosas de fútbol. Me han hecho ver este deporte de una visión distinta, una perspectiva más allá de la del aficionado.